La Ultima LLamada

Lluvia

Foto por midnightcomm

3:23 AM

Rubén observa fijamente el reflejo de su rostro en su café, sus manos entumidas por la larga travesía buscan en sus bolsillos una peseta para llamar a Cristal.

-Eres nuevo verdad- Le dijo gentilmente la señora que atendia el restaurant.

-Nuevo?- Contestó él.

-Chofer nuevo- Aclaró ella.

-Si, se nota mucho?- Preguntó Rubén sonriendo ligeramente.

-No te preocupes, dentro de un mes estarás acostumbrado-

-No, creo que nunca me acostumbraré- Contesto Rubén, luego de que se borrara su sonrisa y agachara su cabeza ligeramente.

-Ya veo, se trata de una chica verdad?, será mejor que no tengas muchas esperanzas hijo, porque podrias acabar con el corazón roto-.

De regreso en su pueblo natal, Cristal continuó asistiendo a clases. Cuando no estaba en la escuela, procuraba estar el mayor tiempo posible en su casa por si llamaba Rubén. Su familia y sus amistades se preocupaban más y  más cada día, por que ella había decaído mucho, a pesar de las conversaciones que tenía regularmente con Rubén y el apoyo de las personas que se preocuparon por ella.

La madre de Cristal, Ana, nunca apoyó la relación, pero con el tiempo parecía haberla aceptado, ya se que vió orillada a hacerlo. Para ella, Cristal, su única hija siempre habia sido motivo de orgullo para ella, hasta que apareció Rubén. Desde que se enteró de que era de clase media baja y de sus antecedentes criminales se opuso rotundamente. No podia concebir que su hija se relacionara con alguien así, al principio fingió desinterés en la relación siempre y cuando los resultados académicos de Cristal siguieran constantes. Pero luego de que cumplieron más de un año comenzó a tener una verdadera preocupación.

Con la partida de Rubén, Ana decidió aprovechar el espacio para tratar de sacarlo de la cabeza de su hija. Sabia que tenia que ser sutil, de manera que Cristal no se diera cuenta, ya que de no ser así, no daría resultado. Procuró alentarla a que fuera a toda clase de eventos sociales, donde ella sabía que habría hijos de gente acomodada. Charlando con sus amigas burguesas, sacaba con premeditación el tema de su bellisima hija que pasaba los fines de semana en casa. Esto con un toque de melodrama, para atraer la curiosidad de las amigas de ella que tienen hijos de la misma edad.

Paso un mes, a diferencia del anterior, Cristal ya no estaba en casa tan a menudo. Las llamadas de Rubén eran contestadas por Ana, quien con un tono déspota le respondia que andaba en una fiesta o que simplemente había salido con un amigo. Ana sabía que solo era cuestión de tiempo.

-Un clavo saca otro clavo, al fin liberaré a mi hija de ese muerto de hambre y aseguraré su futuro- Pensaba.

Un martes, Rubén llegó al pueblo, a diferencia de otras veces, no había avisado a nadie que venía. Quería darle una sorpresa a Cristal, el amor de su vida. Estacionó su trailer en el almacén de la compañía y luego tomó el autobus que lo llevó cerca de la escuela. Llegó media hora antes de la hora de salida, así que decidió comprar un ramo de flores en la floreria que quedaba a una cuadra de ahí. Regresó y se ocultó cerca de un árbol en el jardín frente a la entrada de la escuela. Estaba impaciente, sus manos estaban frías y contemplaba el umbral de la puerta con un ansia que desplomaría montañas.

Sonó el timbre y los estudiantes empezaron a salir, Rubén buscaba en cada rostro la mirada de su amada. Entonces, la vió, salió platicando con un amigo y se quedó conversado con él al lado de la puerta. El corazón de Rubén estaba acelerado, en su mano izquierda cargaba el ramo de rosas, en el otro había un anillo de compromiso. El que había comprado hace unas semanas en una tienda de Dallas. Ya que en uno de los viajes de la escuela que hizo junto con Cristal, se escabulleron del grupo y salieron a merodear por la ciudad. Entraron a una joyería y empezaron a fantasear acerca del momento en que contrajeran matrimonio. La atención de Cristal fue llamada por un destellante anillo en una de las vitrinas y llamó a Rubén para señalárselo.

Rubén empezó a caminar lentamente hacia donde se encontraba Cristal. Varios amigos de él que seguían en la escuela lo reconocieron, pero Rubén les hacia un ademán para que fingieran no haberlo visto. Nada podría arruinar la sorpresa que Rubén tenía preparada. Cristal estaba tan concentrada en la conversación, que no se percató de que Rubén estaba a escazos diez pasos de ella. Una ligera sonrisa se dibujaba en el rostro de Rubén, cuando vió como su novia se despedía de aquel hombre con un beso apasionado.

Las rosas calleron de la mano de Rubén, sus sentimientos se anudaron en su interior y apretó los dientes para no decir palabra. Miró a ambos lados como sus amistades atestiguaban atónitos el suceso, Cristal se dió cuenta de su prescencia y fue rápidamente hacia donde el estaba.

-Rubén, por favor déjame explicarte- Le dijo con tono desesperado mientras lo miraba a los ojos y tomába sus manos.

Rubén, con la mirada perdida, sacó lentamente la cajita negra que guardaba en su bolsillo derecho y la abrió lentamente. Cristal lo miraba confundida y al ver el contenido de la cajita rompió a llorar.

-Perdóname, perdóname ,perdóname!- Decía mientras lo abrazaba. Lágrimas empezaban a caer de los ojos de Rubén cuando decidió tomar su propio camino.

-Suéltame, tu ya no eres mi amor- Musitó secamente.

Cristal miro a Rubén a los ojos y se dió cuenta de que lo había perdido para siempre, lo soltó muy lentamente y una vez más susurro que la perdonara. Rubén la miró, su corazón le pedia a gritos unas últimas palabras para su adoración, pero se las negó. Cerró los puños, dió la media vuelta y se prometió no regresar a ese lugar. Cristal se quedó parada, hecha un mar de lagrimas lo miró alejarse hasta que dobló la esquina. Sus amigos corrieron a consolarla y ella continuó llorando.

Los amigos de Rubén no se atrevieron a seguirlo, habian visto la relación desde el principio y lo conocían demasiado bien, para saber que tarde o temprano seguiría con su vida. Rubén no fue a casa con sus padres, en su lugar regresó al almacén, recogió su trailer y continuó con su trabajo.

Dos meses después

-Tenias razón- Dijo Rubén mientras miraba con desprecio su café. Música country tocaba en la rockola del restaurant.

-De que hablas hijo?- Respondió desconcertada la camarera.

-Usted me dijo que acabaría con el corazón roto, y tenia razón. Fui tan estúpido, probablemente en este momento este con él, diciéndole lo mismo que me dijo a mí durante dos años. Crei que era especial-.

-Ay hijo, no seas tan duro contigo mismo, esas cosas suelen suceder-Le dijo para consolarlo- Eres muy joven, tienes toda tu vida por delante, ya encontrarás una chica que sepa valorarte- Parecía que la camarera hubiera repetido el mismo consejo miles de veces, como si fuera una consejera de camioneros disfrazada.

-Pero yo no quiero a nadie más!, yo la quiero a ella!-Respondió exaltado.- Solo a ella- Le dijo mientras levantaba la cabeza. La camarera miró enternecida como los ojos enrojecidos de Rubén comenzaban a brillar, lentamente sus lágrimas se escurrieron hasta caer en su café.

-Oh vamos hijo, no te pongas así, te diré algo. Tu esperame un momentito y te traeré una rebanada de pay, por cortesia de la casa. Por que nadie puede llorar mientras come un pay de chocolate, verdad?-

-Se lo agradezco mucho señora, pero tengo que irme ya por que si no me descontarán las horas de mi sueldo.- Dijo Rubén, luego se levantó, se acercó lentamente al mostrador pagó la cuenta.

-Que tengas un buen día, y por favor cuidate mucho hijo-

-Igualmente- Respondió Rubén con un tono sombrío.

Mientras habia conversado con la camarera, una tormenta habia comenzado a azotar la carretera, los ocasionales relámpagos iluminaban el cielo de la lúgubre noche.

Rubén estaba cansado y la lluvia se intensificaba a medida que iba avanzando. De pronto, vió aun hombre en medio de la carretera y frenó inmediatamente. Desconcertado abrió la ventanilla y asomó la cabeza para preguntarle al extraño por que lo detenia, este, sacó una pistola y le dió órden de que bajara del trailer y no intentara nada. Rubén se vió acorralado y optó por cooperar.

Mientras bajaba del trailer escuchó qu el hombre que lo amagaba llamaba a otros dos que se hallaban escondidos en unos arbustos cercanos a la carretera.

-Miguel, tu vigila al chofer- Le dijo a uno poniéndole una pistola en la mano.

-No estoy seguro de esto Rogelio, nunca habia hecho algo así, y Que pasará si viene la policía?- Respondió el maleante.

-Mira Miguel- Le dijo con tono amenazante- Ya es un poco tarde, además si no lo haces, sabes bien que no no tendrás otra forma de ganarte la vida.

El secuaz asentó con la cabeza y se volteó apuntándole a Rubén. Con las manos un poco temblorosas miraba a Rubén con un cierto temor. Rubén se dió cuenta de que el maleante que le apuntaba en realidad preferiría no tener que hacerle daño, pero de todas maneras prefirió cooperar. Al fin y al cabo robarían la mercancia de todas maneras, no valía la pena arriesgarse.

Luego de un rato, “Rogelio” asomó la cabeza de la caja del trailer y dijo:

-La carga esta completa, ya sabes lo que tienes que hacer Miguel-

-Si Rogelio- Contestó el maleante que amagaba a Rubén.-Camina, hacia los arbustos-

Rubén sin moverse se le quedo mirando, adivinando lo que le deparaba el destino. Sus piernas temblaban y su rostro palideció.

-Que te muevas imbécil- Exclamo exaltado el maleante.

Rubén empezo a caminar con el maleante amagándole por la espalda. Parecía que sus pasos se hicieran mas cortos y su pena mas larga. Lo obligó a saltar la cerca de puas y se alejaron otros tantos metros de la carretera.

-Alto, no te muevas!- Vociferó- De rodillas!-.

Rubén  comenzó a ver todos sus recuerdos pasar frente a él, cuando era niño, su graduacion de la secundaria, no podia creer lo que le estaba pasando. Entonces recordó que había dejado algo mal en su vida.

-Yo se que usted no quiere matarme- Exclamó calmadamente Rubén con la Mirada baja y las manos del maleante comenzaron a temblar.- Por eso necesito pedirle un favor-. El maleante hizo una mueca no muy convencido y preguntó:

-Que clase de favor?-

-Le prometo que solo me tomará un momento-

-Maldita sea!, Que quieres?!-

En Nuevo Laredo, Cristal y su madre estaban en casa preparando la cena, tenían una gran olla en la estufa y varios invitados esperando el la sala, entre ellos el novio de Cristal. Ana conversaba en la sala con los invitados, mientras Cristal cortaba unas verduras en la cocina.

-Yo s..solo necesito hacer una última llamada-  Tartamudeo Ruben.

El maleante ya estaba colmado de estar bajo la lluvia, así que accedió.

-Esta bien, pero tienes que mostrarme el número que marcaste antes de que te contesten, y no trates de hacerte el listo, entendido?- Dijo el maleante parado atrás de Rubén que seguia de rodillas.

-Si señor- Contestó Rubén.

Rubén sacó el celular de su bolsillo y empezó a buscar en la agenda. El maleante observaba detenidamente cada movimiento. Con las manos temblorosas Ruben marco un numero en el celular y lo puso en su oreja.

El telefono de la casa de Cristal timbro una vez.

Cristal dejo el cuchillo a un lado de la tabla de cortar, se seco las manos en la toalla que colgaba de la estufa y tomo el teléfono que estaba fijo en la pared.

-Bueno-Contesto Cristal.

-Cristal?- Dijo Ruben con agua destilando de su rostro.

-Ruben?.. eres tu?-

-Te amo-

El rugido de un disparo hizo que Cristal dejara caer el teléfono al suelo.

-No, no no no no!-

Cristal se hinco en el piso y con manos temblorosas recogió el teléfono y lo puso en su oreja.

-Ruben contestame!, contestame! que pasa? Ruben?-

Solo el sonido de la lluvia del otro lado de la línea contesto las preguntas de Cristal.

-Contestaaameeee….- Exclamo Cristal echándose a llorar.

FIN